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Ernesto el zorro.

Ser un zorro, nunca había sido fácil, menos en esta época en la que quedaban pocos y a todos los veían con cara de abrigo o estola, por lo que su vida se resumía a huir y huir, pero en algún lugar del camino, ya lo había aceptado y asumía que su felicidad tendría que convivir con una vaporosa y húmeda soledad. Ernesto era su nombre; tenía un nombre aunque las personas no lo supieran, él si lo sabía y aunque nadie lo dijera en voz alta el sabía que era y que así se llamaba. Buscando siempre una guarida segura una y otra vez desde la cual seguir conociendo el mundo y en la cual pudiese escapar de los perros, animales tontos y simples que se divertían haciéndole la vida imposible, como suelen hacer los animales tontos y simples.

Un día, miraba el sol sentado en un tronco seco de un árbol caído que antes fue un admirado coloso del bosque y casa de miles de aves que lo adoraban como a un dios, y sintió que era el día. El resto de la tarde se dedicó a buscar algún perro siguiendo el cause del río que corría por entre los arboles, a sabiendas de que a veces estos peludos e inconscientes personajes venían de las casas a tomar algo de agua fresca, uno de los mayores placeres de la existencia. De pronto lo vio, era un ovejero y no un sabueso, pero igual haría el trabajo. Se acercó lentamente al perro hasta que lo tuvo a veinte pasos de distancia y luego en un último acto temerario piso una hoja seca que estaba frente a él con toda la intención de ser escuchado y así comenzó la persecución, los ladridos no paraban y Ernesto corrió y corrió hasta que decidió detenerse cuando vio que el torrente del rió se había vuelto más rabiosos y bajaba  a gran velocidad. Se dio vuelta y miro al perro que venía hacia el babeando, como lo hacen ellos y con esos ojos de perro sin opciones que tienen ellos y justo antes de ser alcanzado dio un salto al agua dejándose arrastrar por esa corriente salvaje hacia lo que sería su última aventura como zorro , como Ernesto. Cuentan las leyendas de los animales, que en esa parte del río a partir de ese día, el golpe del agua contra las piedras suena parecido a una risa burlona, como la de alguien que nunca fue atrapado, sometido o capturado en su vida y estaba haciendo su última, última travesura, aunque tal vez sea solo el sonido de las piedras.

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5 comentarios

  1. Que Chido!!!

    Bellamente Natural y orgánico.

    Master! Saludos!

    29 marzo, 2011 en 1:47 am

  2. citlali lovely reyes naranjo

    wou en verdad ,que bello. te admiro muchisimo

    29 marzo, 2011 en 3:52 am

  3. DanieLa Hernández

    Ai me encanto … sin duda un hombre talentoso !!! …

    29 marzo, 2011 en 7:24 pm

  4. Oscar

    Espero poder saborear ese dia de mi ultima aventura…

    29 marzo, 2011 en 11:46 pm

  5. aimeé

    bueno aunque algo temeroso

    2 abril, 2011 en 1:17 am

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